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A la conquista del temor

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Italo Violo
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A la conquista del temor

Mensajepor Italo Violo » Octubre 6th, 2010, 9:05 pm

¡A la conquista del temor!

Ítalo Violo

Es mejor una derrota digna que una huida vergonzosa.

En cierta ocasión, iba de viaje a la andina ciudad de Mérida, Venezuela, con un grupo de amigos para asistir a un evento. Dentro del grupo, nos acompañaba un niño de ocho años de edad cuya imprudencia nos dejó asombrados. Cuando estábamos en lo alto de las montañas, un páramo que se eleva a unos cuatro mil metros, el esfuerzo para subir recalentó el motor del vehículo por lo que tuvimos que estacionarnos en un saliente de la carretera al filo del precipicio. Este se perdía en la profundidad y nos causaba mareos sólo mirar hacia abajo. El chiquillo, uno de esos que sacan de quicio, a quien sus padres no le habían enseñado límites ni respeto, se acercó al abismo y se colgó de la defensa de madera para hacer maromas como que si el suelo le quedase a centímetros de su cabeza. Quienes estábamos allí gritamos de terror ante tamaña osadía. Después de retirarlo y ofrecerle un golpe en la cabeza, su abuelo que nos acompañaba nos dijo: “Ese niño no le teme a nada”. A lo que alguien respondió: “No es un valiente, sino un temerario y eso es muy peligroso”. Claro, ese niño estaba sufriendo algunos problemas de origen familiar, que no cabe aquí mencionarlos, que constituyen los ingredientes para gestar la temeridad.

Un diario español registró una noticia acerca de un joven de 23 años que fue arrestado por conducir su BMW nada menos que a 248 kilómetros por hora, lo cual quedó registrado como un record de temeridad jamás visto en ese país. El escritor de la nota resaltó en negrillas tal osadía, en la que se acompañaba de su novia y sus dos pequeños hijas, que “a pesar de ello, y por fortuna no se produjo accidente alguno”.

Estas anécdotas nos sirven para ilustrar debidamente lo que es la temeridad y a deslindarnos de ella, porque, como reza en el Don Quijote, “la valentía que entra en la jurisdicción de la temeridad más tiene de locura que de fortaleza”. El temerario es alguien a quien no le importa nada ni nadie, carece de ideales y de verdadero afecto por nadie, no respeta su vida por lo que cuando se arroja ante el peligro lo hace de manera irresponsable, loca e irracional; se asocia a la malicia y a la conducta delictiva ya que no le importan las consecuencias o perjuicios que pueda acarrear su conducta.

En cambio, la valentía puede definirse como la capacidad de sacrificar la integridad física, el prestigio y aún la vida misma por amor a un ser amado o en defensa de las convicciones. Contrario a lo que puede pensarse, sólo quien es capaz de sentir temor puede llamarse valiente. La diferencia entre éste y un pusilánime es que no deja que el temor lo paralice, no oye su convocatoria a la huida ni deja que los sentimientos dominen su mente. No es lo mismo sentir miedo que ser un cobarde…

La valentía de una persona subyace en el fondo de su ser; se hace evidente cuando la circunstancia lo amerita, entonces surge el héroe. Ante el peligro, la enfermedad o circunstancias comprometedoras, no soslaya su responsabilidad, no se justifica para abandonar, sino que se enfrenta al desánimo y la oposición aún a costa de salir perjudicado. Siente miedo pero sus principios y el amor hacia quienes ha de defender le hacen sobreponerse para luchar. Tales personas, aún en la pérdida pueden ser llamadas ganadoras.

Actuar con valentía trae a veces consecuencias negativas para si mismo, esto no es razón para rehuir al conflicto cuando éste se hace inminente. El valiente es racional, sopesa las consecuencias y hasta puede llegar a no actuar porque logra descubrir con sabiduría cual ha de ser su conducta, pero en todo caso antepone lo que considera correcto.

Siguiendo con la idea anterior, en ocasiones se requiere mayor valentía para quedarse quieto, resistir paciente y calladamente que para dar un manotazo a lo que nos molesta porque la batalla entre el coraje y el temor se libra en la mente. Se puede, quizás, sentir que las fuerzas se acaban, sentirse ahogado y solitario pero el fuero interior hace resistirse a tirar todo por la borda cuando todo parece perdido e impulsa a esperar el momento propicio para hacer lo que es correcto y mejor. Se requiere madurez y prudencia para lograr esto.

Un valiente puede ganar o perder, un cobarde jamás verá el triunfo; en fin, la valentía es la conquista del temor. Lancémonos, pues, espada en alto y aprehendámoslo para sujetarlo con las cadenas indestructibles de la voluntad. Por tanto, aunque sientas que desmayas y no veas salida a tu problema, esfuérzate y sé valiente; atrévete a luchar y verás que podrás vencer.


Cantaura, 05 de octubre de 2010

Publicado originalmente en https://sites.google.com/site/italoviol ... -del-temor
Mi lema es: "CREAR OPCIONES PARA LA VIDA PORQUE UNA SILLA DE RUEDAS NO BASTA". Podemos llevar una vida productiva y feliz. Lo digo yo que soy ÚTIL Y VICTORIOSO.
Visita mi blog: http://asociacionutilyvictorioso.blogspot.com/

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