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DIEGO BALLESTEROS EMPLEA LOS BRAZOS PARA PEDALEAR

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berny
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DIEGO BALLESTEROS EMPLEA LOS BRAZOS PARA PEDALEAR

Mensajepor berny » Marzo 23rd, 2012, 10:53 am

DIEGO BALLESTEROS EMPLEA LOS BRAZOS PARA PEDALEAR
Una vida sin frenos

En 2008 viajó desde Zaragoza a Pekín en bicicleta -12.822 km- para unir la Expo y los JJOO. Dos años después se quedó parapléjico tras ser arrollado por un coche mientras participaba en la Race Across America. Pese a que tiene las piernas paralizadas, la 'handbike' le permite seguir disfrutando de la naturaleza y el deporte.
JOSU GARAI 23/03/12 - 09:20.

'Este hijo de p**** me ha dejado en silla de ruedas". Aunque aturdido por el golpe, ésta fue la primera frase que Diego Ballesteros, un joven deportista de Barbastro que participaba formando parte del equipo Coanfi-Desafío Aspanoa en la Race Across America (RAAM) 2010, dijo a sus compañeros nada más ser atropellado por un coche.

"Éramos el primer equipo español, de cuatro componentes, en participar en esta prueba", explica el aragonés con orgullo. "La prueba consiste en atravesar Estados Unidos de costa a costa", desde Oceanside (San Diego) hasta Annapolis (Maryland), aproximadamente 5.000 kilómetros sin descanso, pedaleando, por relevos, las 24 horas del día. "Queríamos hacerlo en siete días", lo que significa una media superior a 700 km diarios, atravesando el desierto de Arizona, Las Rocosas y los Apalaches.

"Un joven de 22 años que iba a trabajar, se despistó y me arrolló a 110 km/h. El golpe fue tan fuerte que partió la bici por la mitad"
Tres jornadas después de la salida, Diego se disponía a ceder el relevo después de haber pedaleado durante toda la noche. Habían dejado atrás Las Rocosas y faltaban sólo unos minutos para las siete de la mañana del 15 de junio. "Empezaba a amanecer y, para hacer más rápido el relevo, dije al coche de apoyo que siempre nos acompaña que se adelantara un poco", cosa que hizo. Indefenso y sin protección, fue fácil presa de un automovilista. "Un joven de 22 años que iba a trabajar, se despistó y me arrolló a 110 km/h. El golpe fue tan fuerte que partió la bici por la mitad", recuerda Diego. La bici y también su cuerpo. "No fui consciente del impacto hasta que estuve en el suelo. '¿Qué hago aquí?', me pregunté. Recordé que estaba participando en la RAAM y entonces me di cuenta que había sufrido un accidente".

Diego no tiene el más mínimo problema en recordar lo sucedido: "Hice una valoración de daños: movía la cabeza, los brazos..., pero las piernas no", de ahí la frase que encabeza este reportaje. "Me evacuaron al hospital", al Wesley Medical Center de Wichita (Kansas), "y los médicos me intervinieron de inmediato, sin poder elegir si quería ser trasladado y operado en España".

Pese a que tenía cuatro vértebras y otras tantas costillas fracturadas, el pronóstico no era del todo malo porque la médula no estaba seccionada. "A los 10 días de la operación, pregunté al cirujano si podría volver a a andar. Me dijo que no lo sabía, pero que tenías posibilidades de lograrlo. Le pregunté también si la lesión podría ir a peor y respondió que no. Pocos días después de aquella conversación, perdí la fuerza en las manos porque la lesión había ascendido desde las lumbares hasta las cervicales. Estaba parapléjico".

Sólo cuando regresó a España supo que había sufrido una isquemia medula, "una falta de riego en la principal arteria que lleva sangre a la médula". El daño era irreparable, aunque la fuerte medicación consiguió que al menos la lesión bajara desde el cuello hasta el pecho, por lo que Diego recuperó parcialmente la fuerza en las manos.

"Los gastos médicos ascendían a 360.000 dólares, así que el accidente me dejó en silla de ruedas y con deudas"
Casi tanto como la lesión, sin embargo, dolieron los elevados costes hospitalarios: "No teníamos la cobertura internacional de la licencia federativa, ya que desconocíamos su existencia, y los otros seguros que habíamos contratado no nos dieron cobertura. No quiero polemizar", dice, "pero mi consejo, por experiencia, es que antes de salir al extranjero todo el mundo se informe bien de las coberturas que contrata". Los apoyos que tuvo, el de su gente y el de algunos aficionados de la zona que hicieron una colecta para conseguir fondos, fueron insuficientes: "El seguro de la prueba sólo cubría una pequeña cantidad de los gastos médicos. Y el seguro del coche que me arrolló sólo tenía una responsabilidad de 100.00 dólares, cuando en España suele ser ilimitada. Los gastos médicos ascendían a 360.000 dólares, así que el accidente me dejó en silla de ruedas y con deudas".

Diego, profesor de FOL (Formación y Orientación Laboral) en el Instituto Martínez Vargas de Barbastro, "aunque ahora he tenido que jubilarme contra mi voluntad", según explica, pudo regresar a España casi un mes después del accidente. "Ingresé en el Instituto Guttman, de Badalona, un centro especializado en lesiones medulares. "Allí estuvo siete meses luchando como un jabato contra molinos de viento.

Pero al final, después de luchar lo indecible, no tuvo más remedio que aceptar su lesión, aunque nunca rendirse: "Desde el primer momento te dicen que, si en seis semanas no mueves las piernas, no tienes posibilidades de andar. Con el paso de los días confías en mejorar, pero al final te das cuenta de que no lo vas a conseguir. Cuesta digerirlo, no es un proceso rápido, sino progresivo".

Como buen deportista, sin embargo, intenta llegar a la meta, porque ésta, la que actualmente está pasando, es sólo una etapa de su carrera: "Intento pensar en que la vida continúa y tener la cabeza lo más distraída posible, sin pensar en lo que podía haber sido y ya no será".

"No he querido saber nada del chico que me arrolló, no he querido ponerle cara ni le guardo rencor porque sé que un despiste al volante lo puede tener cualquiera"
Hace casi dos años del accidente: "No he querido saber nada del chico que me arrolló", responde a nuestra pregunta. "Quiso ir a verme cuando estaba en el hospital, en Kansas, pero yo no quise ponerle cara. No le guardo rencor, porque sé que un despiste al volante lo puede tener cualquiera y además bastante tendrá pensando en que ha dejado a una persona en silla de ruedas. Me mandó una ramo de flores y una carta al hospital". Con eso se queda. Recién cumplidos los 38 años, su vida ha cambiado: "He tenido que adaptar mi casa, el coche, la bicicleta... Pero, entre otras muchas cosas, ahora no puedo ir a casa de mis padres, porque no está adaptada. Me cuesta hacer la compra, cargar pesos..., pero procuro cocinar y colaborar en todo lo que puedo". Ana, su fiel compañera, sigue a su lado, como si nada hubiera pasado aquel 15 de junio de 2010. "Es mi ayuda más grande", la persona por la que merece luchar y sufrir hasta el final.

Querer es poder
Diego tiene por lema el mismo que Contador: querer es poder. Gracias a él consiguió llegar a Pekín en bicicleta y gracias a él ahora, en los momentos malos, no se ha derrumbado. Debido al accidente, no puede pedalear con los pies, como antes, pero ahora lo hace con las manos: "Necesito que me dé el aire en la cara", explica. "Nunca he sido de gimnasios, sino de aire libre, y cuando probé la 'handbike' me sentí feliz y liberado", aunque sus piernas siguen inertes.

Atleta de pruebas extremas, montañero y esquiador, Diego comenzó a practicar el ciclismo casi por casualidad: "Me lesioné una rodilla, el ligamento cruzado, haciendo esquí de montaña y como rehabilitación empecé a montar en bici". Al de poco tiempo ya estaba compitiendo en marchas cicloturistas y populares.

Tres veces finalizó la Quebrantahuesos, una la Titan Desert..., pero la que le hizo famoso, y le llenó de orgullo, fue la ruta Zaragoza-Pekín, que realizó en bicicleta en 2008. "Estando con Ana en el Himalaya, se me ocurrió que podía unir la Expo de Zaragoza con los Juegos Olímpicos de Pekín por la famosa Ruta de la Seda de Marco Polo", explica. Dicho y hecho: "Tenía pensado hacerlo en 100 días, pero al final lo consegui en 99 etapas".

"El viaje a Pekín resultó muy duro porque tuve que ser autosuficiente y para ello tenía que arrastrar un carrito con todo lo necesario detrás"
Teniendo en cuenta que fueron 12.822 kilómetros los que hizo, la media diaria, salvando todo tipo de obstáculos, fue de casi 130 km. "Resultó muy duro, porque tuve que ser autosuficiente y para ello tenía que arrastrar un carrito con todo lo necesario detrás", recuerda. "Lo peor, quizá, fue el viento y la soledad, el desierto de Taklamakan y el desierto de Gobi; lo mejor, la cordillera del Pamir y la gente que encontré". Un libro, de título '12.822 km, De España a China en bicicleta', relata aquella experiencia. Se puede encontrar, entre otros sitios, en Decathlon. "En el epílogo hablo de mi nueva situación", su desgraciado accidente. "Escribirlo ha sido mi mejor terapia", sobre todo porque además ha resultado un éxito puesto que va por la cuarta edición con más de 5.000 ejemplares vendidos y desde muchos sitios le requieren para que cuente sus experiencias.

Su obsesión, no obstante, el motor que le mueve, es ahora otro muy distinto: "Quiero transmitir a las personas con algún tipo de discapacidad que, pese a las dificultades, hay que seguir adelante. Quiero decirles que se puede salir y que hay que seguir soñando pese a haber sufrido un accidente y, como es mi caso, una lesión medular". Para ello ha colgado en Internet un vídeo que, discapacitado o no, merece la pena ver y que adjuntamos. Es, sencillamente, una lección de vida magistral.

Mientras difunde su mensaje, sin embargo, por su mente pasan mil proyectos diferentes:. "Quiero hacer la Treparriscos, la hermana pequeña de la Quebratahuesos, este verano", siempre pedaleando con sus brazos sobre la 'handbike'. "Tengo algún otro proyecto, si cabe más ambicioso, pero aún lo estoy madurando. Participar en los Juegos Paralímpicos sería un sueño, pero mi cuerpo está dando un giro de 180º y, como ahora la fuerza la tengo que hacer con los brazos, todavía no estoy preparado. Quizá para Río 2016".

http://www.marca.com/2012/03/22/ciclism ... 49007.html

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